Pregunta.- Cuéntenos cómo, a partir de una anécdota surgida con una iguana en la Plaza Mayor surgió "El Techo de la Ballena"...
Respuesta: Bueno, se formó acá la idea de estimular un nombre como "El Techo de la Ballena". Había unos venezolanos amigos de Caupolicán Ovalles y Carlos Contramaestre que no sé cómo obtuvieron una iguana y, por supuesto, semejante animal en plena Plaza Mayor de Salamanca era un acontecimiento, ¿no? La cargaban viva y sostenida por unas cuerdas la llevaban a pasear. La gente se aglomeraba en la Plaza Mayor y los que ignoraban por completo qué era aquello decían: joder, que es un cocodrilo; que no, que es un animal del infierno, pero mírale esa cosa que tiene arriba parece lo que llaman un caimán, puede ser un loro reptil. Hicieron montones de teorías en torno al animalito que, en plan de juerga y de parranda, paseaban por la plaza Mayor y además después recogían monedas para después beber buen vino en las tascas utilizando al animal. Yo no sé cómo lo alimentaban pero lo lograron mantener vivo mucho tiempo y de vez en cuando le daban su veraneo y sus vacaciones en la orilla del Tajo y lo regresaban otra vez a la Plaza Mayor.
Contramaestre y Caupolicán decidieron entonces, ante la precariedad de la existencia de la iguana, crear un animal más grande y simbólico y a través de las lecturas de los poemas escandinavos descubrieron que al cielo lo llamaban “El techo de la ballena” y así titularon su apartamento de estudiantes. Además, era un cielo muy convulsionado y muy sucio como generalmente los cielos de las residencias estudiantiles y estaba lleno de rayas y de chispas como las que suelta el surtidor de la ballena. A partir de ahí ellos comenzaron a jugar con que vivían en el techo de la ballena y del otro lado estaba la iguana a la cual empezaron a darle vino y la llamaron después la iguana ebria. Se constituyó también en el nombre de una pequeña colección literaria que se hizo después.
Ese, un poco complejo, fue el origen del nombre “El techo de la ballena”. En Caracas coincidió que el primer acto que cumplió "El techo de la ballena" fue una exposición de pintura que se realizó en un garaje, en la parte aledaña a un chalet que también era de techo bajo y complejo y coincidía un poco con la idea del techo de la ballena que ellos habían tenido en Salamanca. A partir de ahí se bautizó esa exposición que se llamó “Para restituir el magma” y se acompañó con la presencia de un hombre orquesta, de esos que suelen tocar siete instrumentos al mismo tiempo y que ya han ido desapareciendo. Convulsionaron enormemente el vecindario porque no era una zona de galerías ni de arte, era un barrio común y corriente de Caracas que se vio de pronto sorprendido por un músico insólito que agitaba campanillas y tambores y por una pintura que no tenía nada que ver con lo que estaban acostumbrados. Además, a los circunstantes se les obsequiaba ron en orinales y todo eso era como una fiesta provocadora y arbitraria de la cual casi nadie se quería ir y la única manera para terminar con ello fue que se inundó el lugar donde se efectuaba la exposición artificialmente con una manguera para que la gente ante el temor de ahogarse tuvieran que retornar a sus casas.
El techo de la ballena realizó después una exposición de burla a toda la literatura convencional del país y a la manera de expresarse los políticos que se llamó “Homenaje a la cursilería” y después seguimos con la publicación de libros como Duerme usted señor presidente de Caupolicán Ovalles, con prólogo mío, donde yo hablaba de una poesía que investigaba las basuras. Y entonces hicimos la exposición plástica más provocadora de Carlos Contramaestre que se llamó “Homenaje a la necrofilia” que era ir hacia el punto máximo de la presentación de la materia en el cuadro y como Contramaestre había sido médico rural en un pueblo de Venezuela reunió carne y pieles de corderos que sacrificaban los campesinos y se las trajo hasta Caracas y con eso elaboró cuadros: con la materia en vivo y sanguinolenta de los corderos componiendo la estructura más toda una teoría y contrateoría sobre la necrofilia que constituía en esos momentos una gran ironía contra la violencia que el gobierno nacional desataba y contra la agresión y la violencia que los Estados Unidos querían desatar en el Caribe contra Cuba en la famosa crisis que ustedes conocen. Es decir, que tenía varias lecturas esta exposición de la necrofilia que se inauguró un 2 de noviembre, día de los muertos, y a la que todos asistimos con frac negro, a sabiendas de que aquello era irrepetible, que comenzaba y se agotaba en sí mismo.
Y en efecto comenzó y se agotó en sí mismo.
A los pocos días los gatos dieron al traste con los cuadros expuestos. Eso era lo que la crítica tradicional no entendía, siempre lo encontró como una gran irreverencia, pero los grupos tradicionales y conservadores y policiales entendieron que en verdad se trataba de una afrenta contra ellos y comenzó la persecución. Durante catorce días una cadena de periódicos compuesta por seis diarios y tres revistas mantuvieron un ataque frontal contra nosotros acusándonos de pervertidos, extremistas, provocadores, subversores del orden, es decir, todo lo que se le puede decir a una gente que hace una exposición como ésa que en cierto modo conmocionó.
Raúl Vacas y Tomás Hijo