DAMASO-OGAZ.COM.VE © 2010 ANA VICTORIA SÁNCHEZ F.
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Más allá del triforme y acuoso mirar
qué espuma, montaña o clave inamovible
muere hundida en las campanas del sol
sin habitantes eternos,
más allá de las alboradas tumultuosas
de arpas bíblicas como soledades deshabitadas,
qué éxtasis oscila las venas del minuto
en los signos o raíces rotas en la nada?
Conozco los epílogos de un tiempo aún solo,
que quiebra tu cántico desvaneciéndose;
en caballo estelar sobre el margen del éter,
rompiendo el hilo de las manos en los sueños
desnudos, estremecidos.
Donde pupilas frías, fantasmales, habitan seres y barro,
a orillas de un ajeno vuelo
con una palabra detenida en el pozo de los siglos.
Más allá...,
el cráneo del absoluto seco en los labios.
Oh, cal secular y nebulosa
desvelada en los pilares quebrados del infinito.
Ni el conjunto de alas, ni estrellas
formando ríos más allá de lo humano,
dejan una ofrenda de unidad desmayada,
una continua agonía, una continua arena en los pulsos
y olas resecas desplegadas contra los pechos.
Como cabelleras de un invierno errante
van cabalgando los párpados
en vacíos rituales, sumando ocasos.
Una voz vibra deshilando huracanes enmudecidos
más allá de los vientos limitados en siluetas,
con una lámpara al mar,
un destello,
una silueta marmórea sumergida
en los ángulos de las sangre y la noche.
...Continuación de los poemas de “Tríptico” (Pág. 2)


Somos un estar anegados de aureolas antiguas
Una tolvanera en la osamenta de un iris convulso
Succionado por reflejos
Que dan forma al vacío de los cristales
Hacia un rencóndito rumbo extraviado
En el fondo de los delirios
Vamos transportando desnudos brotes que taladran los vitrales deshechos
En un desierto de columnas confusas
Como lejanas cárceles de eterna luna sin rostro
Sin saber bajo qué isla sobrevive el germen
Ni qué atmósfera se agita desvanecida en el humo
Taciturno y seco de las mareas
Llevando siempre donde un pez petrificado araña el pulso
De la espuma con un eclipse creciente de alas enrojecidas
Un morado cuerno grumoso semejante a signos invisibles
Vamos por un árbol en densidades fugaces
Con ese musgo alto
Esa ermita tatuada en la órbita de la espiga
Que cruza su música de ebrio arpegio violado
A la sal de una larva de luces
Degollada en el magnetismo de las playas estáticas
Oh, Unificado arcano vas coagulado en los abismos
Donde varios mundos te contemplan
Abatiéndote en las gotas de un lirio doliente
Que aúlla en las rocas efímeras de los cauces

Poseemos el telúrico imán
Anclado en el contorno oscuro de la tristeza
Lleno de broncíneos enseres y sonámbulos relojes de seducción
Poseemos para las profundidades un transeúnte de moribundo navío
De ultramarino arquero
Revelado para perpetuar viejos violines en su mental advenimiento
Traspasado de fuego y en torno de arcos y hecatombes
A veces cual avíspas que se pudren en morados cementerios
Cual agua inerte en una anónima angustia
Veo caracolas de humo impenetrable
Bailar sobre devorantes albergues profanos
Con un ruido de abanicos transplantados a su última época.
Ayer siendo sólo la obsesión siniestra de un ébano
Para ensamblar los espejos del sueño
Siendo esa extranjera enumeración solemne
Para alzar mudas guitarras
Donde toda salida es reducida a huecos sortilegios
Donde el pecho se ha abierto como grito
Después de incendiar sus fábulas y atenazar la noche
Y en bálsamos nos deja su permanencia con que quebrar los coros
Mas hoy he de precisar de un mapa alrededor del luto
De una frente azotada por estupefactos escenarios
De un labio transfigurado al viajar por la piel
Que serán fieles a esta prolongación o culminación del olvido
Guarecida al fondo de las arterias rescatadas
Un día que decrecía el cilicio de los huéspedes
Reconocidos por el misterio
Ya sin sentir ahora nazco como las piedras en recobradas materias
Aquí es esta nueva ronda que levanta su sollozo
Simultánea al caballo envenenado por las lluvias
Oh columpio terrestre tornado en templo estival
Para el infierno sagrado de sus catedrales
Para la estatua celeste de esta sangre de arenas en vigilia
Venida hacia el nacimiento líquido de los desiertos
Como una linterna de pronto contemplada dentro de negros preludios
Y cuando todo es brújula invisible que florece
Bajo el ensalmo de un submundo desprendido de las estatuas
Todo es ya un candelabro que semeja a una serpiente sonora
Refugiada en el tumulto letal de las eclipses
Y es ya un árbol de soles prosternado en el mensaje inicial
En el andamiaje multicolor de los ídolos
Y en esta nocturna sangre que me ama y desciende
Enlutada como hiedra
Donde un eterno decir de campanas azules
y ceremonias de cemento silencioso
Donde un ballet milenario de lenguas crepusculares
Canta retocado por cien palomas de duelo
El lenguaje blanco de sus médulas ciegas
Todo entonces me induce a permanecer sobre esta naciente savia que tiembla
Queriendo ilustrar mis huesos de fértiles islas inmóviles.

1
Por qué este fin, desvelo sumergido
en osificado sueño...?
Latidos de un indefinido centro
emergiendo al nervio en colores de roca,
en honda espina brumosa
de descarnados labios.
Tu voz agria y mentida como sepulcros
en plegarias, rueda en umbrosa sierpe
de mi vértigo, cristalino ardimiento cabalgando
el eco nimbado del aliento, fuera del todo.
Solo...
Surtidor de este ramaje insinuado en silbos
sientes humedecida la pira de ojos
bajo la hora en que atisbas
enroscado al atril de tu secreto.
Volátil sustancia de vida futura
sedienta de bosques detenidos en cancelas.
Caminando sobre la órbita de torturados ángulos
llevo en la búsqueda huella de tu ceniza,
ondulado polvo de tu sombra.
Ya no tengo surcos ni en el fin de esta savia
posada en el páramo de las sienes.
Poseo cantos cuajados en las venas,
escabroso vuelo de escafandras transparentes
gritando al polvo que palpita en las manos.
Y grito huyendo de tu rictus de aguas oscurecidas
como Icaro en viento enmohecido,
sin estos ojos caracoleando disueltos en las sombras,
filtrados en las formas, en deshoras cinceladas y llameantes.
Vamos con un canto, amada, azulado belfo de un canto vacío
reflejado en la nada.
2
Ser todo, árbol, queja
traspasando los espejos vacíos
y dormido, pasar tan inmóvil
desde el piso de una fosa a un fontanal.
Mas, tú tiene la fuerza del latido
y mi pecho, sustancia solitaria,
busca diluir la marisma de niebla
besando escarcha, besando párpados
y rosarios de grietas ajenas al eco.
Rodando, humedecidas sílabas estériles
del níveo estar meditativo o nívea lámpara.
Omitir esta cuenca danzante de flautas,
de musgo de novilunio, y caer al llanto o ceniza estatuaria
de un báculo contemplativo y humeante?
Es inútil extraer palomas al sonambulismo y
enervar el dulzor esférico
si estambres desorbitados, si lunas sepultas,
son esclavas de la esbeltez, son esclavas.
Evasión de tus cirios
y tu sangre tan de tierra. ¡Evasión!
