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Su verdadero nombre era Víctor Manuel Sánchez Ogaz. Nació en Santiago de Chile el 17 de agosto de 1924 y falleció en Caracas el 14 de marzo de 1990. Su genio artístico abarcó la pintura, la literatura, la poesía, el teatro... Fue uno de los mayores exponentes del Mail Art a nivel mundial, pionero en Venezuela y Chile. Formó parte del controvertido movimiento artístico venezolano “El Techo de la Ballena” junto a grandes figuras en vías de consagración como Carlos Contramaestre, Juan Calzadilla, Adriano González León, Salvador Garmendia, Efraín Hurtado, Perán Erminy, Francisco Pérez Perdomo, Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray, entre muchos otros.
En una entrevista imaginaria en donde se mezcla lo absurdo con la verdad, publicada en un pequeño libro de Ogaz titulado “Remate” (editado en 1975 bajo el irónico sello de Ediciones La Pata de Palo, un eufemismo por “Pirata”), el poeta se describe a sí mismo de la siguiente manera:

Lo cierto es que Dámaso Ogaz fue uno de los grandes en el mundo del arte latinoamericano. Realizó sus primeros estudios en el Instituto Pedagógico Técnico de la Universidad Técnica de Santiago. Cursó Estudios Especiales de Arte con los pintores Hernán Gazmuri y Haroldo Donoso, y participó en un curso de diseño dictado por el maestro Josef Albert en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Chile (1953). Además, trabajó como asistente y secretario personal del gran poeta y escritor chileno Pablo de Rokha.
Llegó a Venezuela en 1961 con la finalidad de crear, en Trujillo, el Museo de Arte Contemporáneo Latinoamericano; lo cual logra con rotundo éxito. Pero cuando el artista parte hacia París, en 1962, el museo pierde la protección de su decidido mentor y desfallece ante la indiferencia de las autoridades y demás personalidades regionales ligadas al mundo cultural. Las valiosas obras que muchos de los amigos de Ogaz, artistas de renombre, le donaron para tal fin, quedaron en el olvido, almacenadas, desaparecidas, muchas de ellas robadas...
Y es que la obra de Ogaz, por demás abundante si consideramos no solo la decena de libros que publicó, sino también las numerosas revistas, folletos y tarjetas postales que personalmente elaboró; los libros que poco a poco, con paciencia, perseverancia y con mucho corazón iba estructurando a mano, hoja por hoja, luego de que salieran de una fotocopiadora (y con lo cual les otorgaba el sello de su propia e inconfundible edición artesanal), fue lanzada en ediciones muy pequeñas; de poco más de cien ejemplares la mayoría de las veces, que el artista enviaba por correo a sus amigos o entregaba directamente, a la par del volante, en calles, plazas, semáforos, en el interior de los colegios o en las universidades... De allí lo difícil de acceder hoy a su obra.
Pero es que para Dámaso Ogaz la literatura y el arte no estaban divorciados del proceso de la humanidad. Él siempre buscó la integración del arte con la vida, con lo cotidiano, con el ser... Un arte que pasase por miles de manos en vez de quedar confinado a una fría pared.
En razón de ello, el artista dejó de pintar en 1968.
Dámaso Ogaz escribió: “Tercera Elegía”, Ediciones Zona, Santiago de Chile, 1953; “Los Poderes”, Ediciones Zona, Santiago de Chile, 1959; “Espada de Doble Filo”, Ediciones El Techo de la Ballena, Caracas, 1962; “La Ballena y lo Majamámico”, Ediciones El Techo de la Ballena, Caracas, 1967; “Los Métodos y las Deserciones Imaginarias”, Ediciones El Techo de la Ballena, Caracas, 1968; “Anverso y Reverso del Número Ocho”, Ediciones Colección Actual - Universidad de los Andes, Mérida, 1970; “La Cultura de Occidente”, Ediciones La Pata de Palo, Caracas, 1970; “Paso Atrás”, Ediciones Rondas, Barcelona -España, 1975, entre otros...

Desde París inicia un periplo por Dinamarca, Alemania, Austria, Italia, España y nuevamente París. En todo este devenir acoge algunos planteamientos dadaístas y surrealistas que va incorporando en sus obras junto a elementos de la semiótica moderna y la poesía visual; concibiendo así un trabajo a todas luces vanguardista que muchos han considerado como verdadera poética del absurdo.
Participa en exposiciones individuales (Galerie Saint Germaint, 1962; Galerie Lambert, 1963). En febrero de 1962 se hace acreedor en Tokio, Japón, al Premio Yomiuri en la II Exposición Internacional de Jóvenes Artistas del Pacífico con sus trabajos Génesis VI y Génesis VII.
Vuelve a Venezuela en 1967 por invitación expresa de Carlos Contramaestre y atraído por la propuesta contracultural de El Techo de la Ballena; desde entonces, hace de Venezuela su hogar y se dedica por completo a difundir su arte a través de las provincias. En este mismo año participa en la Exposición Latinoamericana de Dibujo y Grabado realizada en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela; en donde es distinguido con el tercer premio. Al año siguiente, en el mismo salón, expone “Las Majamámicas Edípicas”, con presentación de Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray y Juan Calzadilla. Anteriormente había participado en exposiciones individuales en Santiago de Chile: Galería Instituto Chileno-Británico, 1960-65; Galería Libertad, 1961-63; Galería Bellas Artes, 1964. En Caracas, en la Galería de El Techo de la Ballena, 1962; en el Ateneo de Trujillo, 1961; y en la Galería Rathje de Copenhague, Dinamarca, 1962. Y participa en innumerables exposiciones colectivas. Dirigió un total de tres galerías en Santiago de Chile: Galería Laberinto, Galería Libertad y Galería Beaux Arts. Fue crítico de arte en el Diario La Nación de Chile, así como en las revistas Pomaire y Calicanto, y en la Revista de Arte de la Universidad de Chile. Articulista del desaparecido diario El Larense (Barquisimeto, Estado Lara, Venezuela), en donde también escribiera bajo los seudónimos de Víctor Antillanca y Simón Viña. Fue fundador, en 1976, de la Escuela Experimental de Diseño de Valera, la cual dirigió por varios años. Además, participó en la Comisión Preparatoria del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC, Venezuela).
Ogaz fue un decidido cultor de la experimentación orientada al descubrimiento de nuevas formas expresivas dentro del campo artístico. Investigador acucioso, dedicado, dotado de una amplia capacidad organizativa aunque a veces autoritaria. Profesor de arte, autor y director de teatro, pintor, escritor, poeta, incansable editor... “Un tipógrafo de viejo cuño –a decir de Juan Calzadilla– animado por una inquebrantable fe en el poder subvertidor de la palabra y la imagen juntas...” Un artista que realizó “una obra creativa tan obstinadamente fértil como clandestina...”















Foto cortesía de Lenín Pérez R.